POTOSI REHEN

EL RETORNO DE LA BRONCA

Potosí volvió a rebelarse contra el gobierno después de 20 años

Juan José Toro Montoya

“¿De dónde ha sacado el Evo que esto es político?, ¿acaso ustedes no están informando de esto?”. El reclamo es de doña Esperanza Gonzáles, una potosina de 67 años que cuida uno de los centenares de puntos de bloqueo instalados en esta ciudad. “¿De dónde ha sacado el Evo que esto es político?, ¿acaso ustedes no están informando de esto?”. El reclamo es de doña Esperanza Gonzáles, una potosina de 67 años que cuida uno de los centenares de puntos de bloqueo instalados en esta ciudad.
Doña Esperanza viste pollera y su sombrero de un azul desteñido no es suficiente para cubrir su blanca cabellera que cae hacia atrás dividida en dos trenzas. En su mano está un palo que blande amenazadora cuando algún vehículo intenta pasar por el bloqueo impuesto a la altura de la plaza La Unión.
La señora no es la única que cuida el lugar ni la más anciana. Otra, doña Blanca Iglesias, buscaba que algún periodista la entrevista para hacer escuchar su voz de protesta. “Hay que sacar en procesión al Señor de la Veracruz —dijo—. Él es milagroso. Contra él nadie puede. Ni el Evo”.
Las mujeres que cuidan los bloqueos y las que ingresaron en huelga de hambre —en la plaza La Unión se instaló una de las primeras carpas— son el fiel reflejo de un pueblo que se levantó cansado de una pobreza que dura siglos.
El movimiento que tiene lugar estos días en Potosí no está politizado porque no hay partido alguno por detrás. Más aún, sectores afines al MAS, como los cooperativistas, y hasta ex candidatos de ese partido, como el sindicalista Jorge Solares, están junto a los cívicos.
Lo que consiguió unir y levantar a los potosinos es la bronca de que sus recursos naturales sigan siendo explotados sin que la región perciba una razonable compensación por ello.
La rebelión de Potosí no está dirigida contra el Gobierno de Evo Morales sino que es una constante a lo largo de los últimos años. La última vez que se alzó en un movimiento como este fue en 1990, cuando el Gobierno de Jaime Paz Zamora adjudicó directamente la explotación del litio del Salar de Uyuni a la transnacional Lithco y Potosí paró durante nueve días. Hoy, 20 años después, todavía no sabe lo que pasará con el litio pero ya logró frenar el intento de crear una empresa centralista con sede en La Paz para manejar ese recurso.
Las provisiones de las amas de casa se acaban poco a poco pero ni siquiera eso quiebra su voluntad. “Para qué nos hemos sacrificado tantos días. Tenemos que ganar”, dicen las señoras que cuidan los bloqueos mientras blanden sus palos.
Y así, sin politización de por medio, transcurre una huelga que ya es la más larga de la historia pero, por lo que se ve, tiene todavía para varios días.

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