Nuestra Vida

Parece que estamos viviendo una película. No se si es de terror, o es cómica. Porque todo depende del ángulo en que lo veas. Desde el ángulo de la oposición, es una película de terror porque de pronto se ha desatado una batalla irrefrenable de insultos en todas partes, que vienen directamente sobre el que mejor opositor en las encuestas. Y a los otros tres opositores tampoco los deja tranquilos. Los llena de trampas y los destroza mediáticamente, todo lo que puede.

Visto desde el lado del gobierno, es una película cómica porque utiliza todos los medios que posee para ofrecer el cielo y las estrellas, y se ríe de la pobre avaricia de la gente que va detrás de promesas vacías como pez detrás de una carnada para ser pescado y almorzado en cualquier momento. Se nota una superioridad tal de publicidad y propaganda, que todo funcionario del gobierno se ríe a carcajadas del pobre pueblo al que están cebando.

Fuera de la película, tenemos que preguntarnos cómo estamos realmente. Cómo sentimos los principales aspectos del “vivir bien”, que nos han impuesto en estos nueve años. Solo si le damos una mirada sincera a nuestra propia situación, lograremos zafarnos de esta suerte de enajenación mental que produce escuchar el zumbido azul que nos rodea en todos los medios. Vamos entonces a ver nuestra real situación en la economía, la salud, la educación, el transporte, la industria, y el ahorro.

La economía, dicen que está muy bien. Pero cuando hablo con mi vecina, ella me cuenta que en su familia, han tenido que ofrecer en venta su casa para poner un pequeño negocio y sobrevivir, porque no encuentran trabajo formal. Uno de los hijos ha ido a trabajar al Chapare, pero tiene miedo de lo que le pueda pasar, y otro hijo ha dejado de estudiar porque no pueden pagar el costo de sus estudios. Las otras dos hijas están en la escuela todavía, y una de ellas está embarazada a los 16 años.

Su marido, hace dos años que no trabaja bien. Es contador. Los muchachos sentados al frente de la oficina de impuestos, cobran monedas y son mucha competencia. Ya no alcanza el dinero. La señora, ha sido despedida de Ecobol, empresa estatal que está en problemas desde hace tres años.

En cuanto a la salud, gracias a Dios no se enferman, porque ya no es como antes. Hoy, tienen que hacer cola desde las tres de la mañana para conseguir ficha. Y no hay Pro Salud como antes. Tampoco hay especialistas en todos los hospitales. Una consulta privada cuesta más del doble de lo que costaba antes, pero como no hay sueldo, mejor se mantienen sin enfermarse. Cuando se resfrían, van a la farmacia y preguntan al bioquímico de turno qué pueden tomar, para evitar ir al médico. Y eso tampoco es barato. Un jarabe mas unas pastillas y un antitusivo, sale cerca a Bs. 200, que para alguien que no trabaja, es mucho.

Como la industria nacional ya casi no existe, toda la ropa que compran es china. Plástico puro. Y para colmo, cara. Así que mucho de lo que compran es usado. Ropa bonita y estrenada. No alcanza para más. Los alimentos llegan casi todos del exterior. No hay ya esa fruta que antes traían de Los Yungas. Luego está el transporte. Todo un dolor de cabeza. Demasiados autos en las estrechas calles. Puro minibús. Pero mi vecina camina lo más que puede porque no puede pagar minibús para ir a todas partes. El pasaje es caro. ¿Y el ahorro? No hay. Como no pagan nada en el banco, ha ido al Banco Central a comprar unos bonos, pero son para gente que tiene harta plata. Tal vez al vender su casa pueda ahorrar en esos bonos.

Así las cosas, a mi vecina no le interesan las elecciones. Está muy ocupada tratando de sobrevivir. Vive peor que hace nueve años, pero la propaganda dice que hoy se vive bien. A ella no le parece. Hace cuatro años le robaron todo lo que tenía en su casa y hasta hoy, no ha podido recuperarse. No tiene tiempo de pensar, solo de actuar. Cada día es una penuria porque la casa no se vende rápido. Teme venderla barata y luego no poder encontrar un anticrético o un alquiler. El crédito que le han ofrecido a su comprador, hace siete meses que no se desembolsa. Le han dicho que es porque al banco, no le conviene prestar para vivienda.

Entonces, mi vecina escucha la propaganda y se desorienta. Porque no puede pedirle gas domiciliario a un enorme anuncio que le dice que todos los bolivianos somos felices porque tenemos gas 365 días del año. Pero ella sigue con su garrafa. Hay el ducto, pero no hay gas en el. Y así. Son muchas cosas que ella no tiene, pero que la propaganda dice que tiene.

La desolación. La desesperación diaria, no le permiten darse el lujo de creer en el famoso vivir bien. Me confiesa, con un suspiro de tristeza, que está indefensa. Que nada le va bien. Que no sabe cómo enfrentar cada día. Que espera que esto cambie. Pero no tiene fuerzas para luchar. Y solo Evo parece que tiene soluciones a sus problemas porque ofrece muchos millones que ella espera que le lleguen de alguna manera.

Después de escucharla, se me ocurre que su vida es una pesadilla, pero no se lo digo. No quiero preocuparla más. No quiero que su clásico síndrome de indefensión, provocado por un entorno demasiado agresivo, en el que le han quitado todo derecho a una respuesta positiva del padre gobierno, un sistema represivo que ella se da cuenta de que no puede vencer y un infierno de bloqueos y marchas diarias que convierten su vida en una eterna agonía. Todo esto la ha vuelto indefensa. Piensa que si no vota por el que provoca su indefensión, ni siquiera la promesa de algo mejor podrá tener.

En este mundo frío y sombrío, lo que se me ocurre es recordarle que está viva. Recordarle que ese es el mayor regalo, la mayor inversión, y la máxima fortuna que tiene, y no puede entregarse a la desesperación, solo porque alguien no hizo bien su trabajo estos nueve años.

Entonces la veo alzar su mirada hacia mí, y titubeante, me pregunta: ¿Usted cree que el gobierno salga de verdad, si ya tiene listo el fraude y con tanta propaganda? Le contesto que el gobierno solo tiene el poder porque nos robó nuestros votos en dos ocasiones. Le aseguro que Somos Muchos. Somos Buenos. Somos Bolivianos. Y esta vez, nos vamos a unir para sacarlos, así como los hemos puesto antes.

Me mira asombrada. No pensaba que yo podía tener esperanza alguna para ella. Entonces le digo que el dinero que ha entrado en Bolivia, es tanto, que cada boliviano hubiera tenido un pequeño capital de arranque, solo con los intereses que hubiera podido generar ese dinero en un banco en el extranjero. Sin hacer nada más que eso, hubiéramos podido tener todos, un pequeño capital.

Me pregunta si creo que debemos cambiar de gobierno. Le contesto que no solo debemos, sino que lo haremos, porque su historia no es única, ni la peor. Y eso, es a pesar de haber tenido tantos recursos. Por eso tenemos, y debemos, cambiar de gobierno. Porque no podemos vivir de lo que dicen los grandes carteles, o la televisión. Tenemos que sentir que nuestras vidas están bien. Y ahora no lo están.

Ella sonríe. Ella dice que no entiende cómo no se había dado cuenta antes de que su situación es así por las condiciones que ha creado un gobierno irresponsable. Dice que ahora hay que votar todos juntos por la oposición. Me pregunta por quien votaré. Le digo que votaré por el que mejor esté en las encuestas. Que ese es Samuel. Y que si le parece bien, podemos votar entre todos por el, ya que nos ofrece un gobierno más sensible, más sensato, que nos dará oportunidades de trabajo reales, y que nos sacará de la pobreza en la realidad, no en los carteles.

Es que es un trabajo de todos esto de ponernos de acuerdo. Los otros candidatos, que no pudieron o no quisieron unirse antes, ojalá se puedan unir ahora. Para que no entorpezcan el trabajo del pueblo, que va a votar unificadamente por el mejor candidato opositor.

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jacqueline
    Ago 17, 2014 @ 07:40:05

    Gracias querida Jenny por leer mi artículo. Ojalá lo puedas compartir. Hace días dejé una respuesta más bonita, pero parece que no salió publicada. Ahora aprovecho y te mando un abrazo a la distancia, desde nuestra querida Bolivia.

    Responder

  2. Jenny Moser
    Ago 11, 2014 @ 18:07:41

    Me emocionó bastante, Jacqueline.
    Solo le pido a Dios que no desampare a mi querida patria y a su gente, qué haya una luz al fondo del túnel para toda esta nuestra gente.

    Felicitaciones y gracias por ser la voz de aquellos que no pueden ser oídos.
    Un fuerte abrazo en la distancia.
    Jenny

    Responder

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